Estreno en Sundance: Drama sobre la guerra contra el narcotráfico en México

Durante la mayor parte de las últimas dos décadas, el cine mexicano ha estado saturado de crónicas difíciles de digerir sobre la monstruosa violencia del narcotráfico que asola el país, pero nadie aborda esa oscuridad con la sensibilidad y la poesía estética de las directoras Fernanda Valadez y Astrid Rondero. Probado por su colaboración anterior premiada y desgarradora, “Identifying Features” (que Valadez dirigió y Rondero co-escribió), ellas ven la crisis actual no por su potencial para el espectáculo o el valor de shock sin tacto, sino por la inenarrable tragedia humana que es. Mientras “Identifying Features” siguió a una madre en busca de su hijo, una víctima migrante de los horrores, su último trabajo, “Sujo,” ligeramente más esperanzador, cambia el enfoque para rastrear cómo los hombres jóvenes de pueblos pequeños y empobrecidos quedan atrapados por los ineludibles ciclos de violencia y se convierten en despiadados agresores. Las directoras, ahora co-escribiendo y co-dirigiendo oficialmente, extienden su empatía cinematográfica incluso a aquellos a quienes la sociedad ha colectivamente considerado indignos de cualquier compasión: parias desde el nacimiento que nunca tuvieron una oportunidad real. 

En lugar de señalar y decir, “mira lo que estos asesinos sin alma hacen entre ellos y a otros,” se preocupan por la pregunta más onerosa, que coloca la culpa en los sistemas y no sólo en el individuo, “¿por qué no ven otra salida de sus circunstancias?” Y mientras que el debut de Valadez se sumergió en lo sobrenatural, sobre todo durante sus momentos finales, donde el diablo mismo toca el marco, en “Sujo” el reino metafísico se comunica con nuestro plano material de una manera más sustancial.  Originario de un padre sicario conocido como “El Ocho” (Juan Jesús Varela) en una zona rural del estado de Michoacán, un hervidero de actividad narco, Sujo (Kevin Aguilar de niño) queda huérfano a los cuatro años. Tras la brutal muerte de “El Ocho” a manos de sus antiguos colegas, la tía del niño, Nemesia (Yadira Pérez), una mujer soltera que vive en una colina alejada de los demás, ruega por su vida, la cual es concedida con la condición de que Sujo nunca visite el pueblo, ni siquiera para ir a la escuela. El niño crece solo con los hijos de la amiga de Nemesia, Rosalía (Karla Garrido), Jeremy y Jai, como compañeros. Cuanto más crece, más aprende del legado ensangrentado en el que se encuentra. El coche que su padre dejó, un recuerdo de sus crímenes, sirve como un recordatorio palpable.  Contrariamente a como otros cineastas podrían abordar el material difícil, no hay imágenes crudas a la vista. La violencia física se mantiene fuera de pantalla, aunque la sentimos acechando en todo momento como un presagio inminente y inevitable. En su lugar, deleitamos nuestros ojos con las impresionantes tomas de la cinematógrafa Ximena Amann, donde tanto las personas como la naturaleza parecen ser acariciadas delicadamente por la suavidad de la luz del sol, en algún lugar entre el naturalismo y un arreglo minucioso para evocar una sensación etérea. Al retratarlos de esta manera, literalmente, se devuelve una cierta dignidad a comunidades tan profundamente vilipendiadas. Los fantasmas regresan para transmitir mensajes. Vienen, en su mayor parte, en sus propios cuerpos y mientras brilla el sol. Amann los filma a través de follaje exuberante, que separa a los que se han ido para siempre y a los que todavía están aquí luchando.  Estas presencias sobrenaturales se entrelazan con la creencia de Nemesia en un estado primordial del que todos emergimos, antes de que hubiera conflicto, cuando éramos todos criaturas inocentes. Ella le dice a Sujo que su padre ha regresado a ese lugar, de vuelta a los animales. Valadez y Rondero han entrelazado sus esfuerzos realistas sociales con estos aspectos trascendentales, tan orgánicamente entrelazados en la esencia de la narrativa, que no hay posibilidad de que parezcan esotéricos.  Cuando Nemesia ya no puede mantenerlo encerrado, el adolescente Sujo (también Juan Jesús Varela) es atraído a los negocios de su padre. Para entonces, Jeremy ya se ha involucrado en el negocio de la droga y Jai está ansioso por seguir sus pasos. Sujo se une, pero hay una marcada distinción entre cómo se comportan sus amigos, casi hermanos, y su actitud escéptica, consciente del dolor que causó su padre. Al aislarlo de otros chicos y hombres, la poco afectuosa Nemesia puede haber salvado una parte de su inocencia de ser corroída con el tóxico bravucón masculino que la mayoría de ellos realizan para ocultar su miedo. En realidad, son carne de cañón, numerados con tatuajes en el pecho que los despojan aún más de su humanidad. Pero hay pocas opciones para aquellos nacidos en la pobreza en un entorno lleno de dolor. Los cárteles les ofrecen un breve momento de falso poder a cambio de sus almas.  Los nombres llevan una carga simbólica; dejan claro las directoras. Jai (Alexis Varela, de adolescente) lleva el apelativo que ha pasado por el lado masculino de su linaje desde su bisabuelo. El nombre en inglés Jeremy (Jairo Hernández) se le dio al hermano mayor ya que nació cuando la familia planeaba emigrar a Estados Unidos. Para Sujo, cuyo nombre real es Josue al igual que su papá, el apodo es a menudo motivo de curiosidad. Proviene de un indomable caballo del color de la noche que “El Ocho” conoció cuando era niño. El hecho de que nunca haya usado su nombre real puede haberlo alejado de ese linaje. Este tipo de detalles reflexivos distingue la escritura de Valadez y Rondero.  Para su tercer acto, la narrativa aterriza en la capital del país, un lugar donde el peligro existe pero no tan explícitamente como en otros lugares. Para aquellos de las clases sociales altas y educadas de la Ciudad de México, el conflicto y quienes están involucrados parecen estar lejos bajo la máxima de “de vista, de mente.”  Sujo ha salido de su pueblo natal y se gana la vida modestamente descargando sacos de productos. Ha albergado el deseo de asistir a la escuela desde la infancia pero no tiene pruebas de su educación ya que su tía lo educó en casa. Sin embargo, encontrarse con Susan (Sandra Lorenzano), una profesora argentina de literatura en la UNAM de México, podría encaminarlo en una nueva dirección. Sin duda, las mujeres alrededor de Sujo siempre han sido los faros de su seguridad, ofreciéndole un futuro.  La actuación de Varela encarna una tremenda potencia lírica, aún más intrincada en significado y alcance que la de su anterior trabajo, “Sujo” demuestra rotundamente por qué Valdez y Rondero figuran entre aquellos que pronto serán considerados los nuevos maestros del cine mexicano. Calificación: A “Sujo” se estrenó en el Festival de Cine de Sundance de 2024. Actualmente está buscando distribución en los EE. UU.

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